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La evolución del trabajo: un asunto de personas (Febrero 2020)

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Feb 27, 2020

El tan comentado “futuro del trabajo” es una discusión que sugiere un cambio profundo en las organizaciones de hoy y que por supuesto no deja de lado a las pymes, considerando que esta transformación impacta su entorno, sus clientes, el mercado, los competidores, modelos de negocio, la fuerza laboral y por ende, a ellas mismas.

Este planteamiento exige una revisión a la forma como trabajamos, dónde lo hacemos y cómo nos comunicamos con cada uno de nuestros públicos de interés. Es una realidad que en este proceso tanto grandes, como medianas y pequeñas empresas, están aprendiendo a beneficiarse de un nuevo contexto marcado por la tecnología, asumiendo nuevos desafíos y oportunidades.

¿Podría afirmarse entonces que la pyme lo tiene más difícil que la gran empresa? Sin duda los recursos en este contexto pueden ser más limitados, pero también tienen menos complejidad, pueden ser mucho más agiles en sus decisiones y por esto mismo no es casualidad el éxito que podemos observar en el caso de los start-ups.

También es importante mencionar que Colombia hoy es uno de los países más avanzados en esta materia a nivel de Latinoamérica junto con Argentina, Uruguay, Chile y según Raúl Katz, director de Estudios de Estrategia Corporativa en el Columbia Institute for Tele-information de la universidad de Columbia, en Nueva York, uno de los peores errores que podría cometer una pyme local es justamente desconocer esta realidad y no actuar pensando que las cosas van a seguir como están.

Sin embargo es fundamental entender estos cambios desde una perspectiva más amplia, que va más allá de la transformación digital y es la adaptación a los cambios en los mercados y al comportamiento diferente del consumidor para mantener la competitividad de la empresa. Bajo este punto de vista, resulta ser un asunto más estratégico, de personas y cultura que de tecnología y en esta línea las acciones a emprender deben partir del trabajo con los líderes y sus equipos de trabajo.

Esta transición implica asumir que hoy no nos movemos sobre el esquema tradicional al que veníamos acostumbrados y que lo que define nuestra cultura y visión de negocio debe ser revaluado bajo una óptica distinta marcada por nuevos atributos que impactan directamente el talento.

Estudios demuestran que esas grandes compañías que por años habían sido referentes en Marca Empleador, se están quedando de lado considerando su imposibilidad de reaccionar rápidamente ante estas nuevas demandas y abren paso a empresas que por su tamaño, capacidad de reacción y sobre todo de reinvención, permiten que las personas puedan aportar y se sientan pertenecientes y no solo transeúntes, generando valor desde toda perspectiva.

Nos enfrentamos a nuevos retos en el área laboral: los avances tecnológicos seguirán aumentando y, lejos de asumirlo como un problema, debemos tomarlo como una oportunidad. Los seres humanos seguiremos siendo indispensables, y la formación especializada será clave. Generar valor se traduce en empezar a trabajar en habilidades que nos alejan cada vez más de las máquinas y que por esto mismo nos hacen necesarios en cualquier entorno.

Se podría decir que el miedo a la automatización no es un temor reciente. Muchas tareas serán realizadas por máquinas o robots teniendo en cuenta que los avances en la robótica y en la inteligencia artificial es una certeza, pero la presencia de las máquinas no implica un reemplazo, sino un complemento.

Es por esto que hoy la OIT hace énfasis en proponer un programa centrado en las personas que se concentre en aumentar la inversión en sus capacidades. Pero probablemente no con el foco que tradicionalmente lo hacemos, en donde la formación técnica (67%) prima según la Encuesta Salarial y de Tendencias en Gestión Humana, Total Rewards 2020, y se aleja de lo verdaderamente importante de acuerdo con lo que define el futuro y que son las competencias relacionadas con la creatividad, nuevas formas de pensar, adaptabilidad a diferentes contextos; inteligencia emocional, empatía con el otro, integridad y capacidad de relacionamiento; pensamiento análítico que nos permita diseñar soluciones innovadoras, resolver problemas objetivamente, ligando a la persona con la tecnología.

Así mismo, considerando que hoy las barreras geográficas están absolutamente disueltas, resulta vital potenciar las capacidades en términos de diversidad e inteligencia cultural, buscando entender, respetar y trabajar con los demás a pesar de las diferencias de raza, cultura, idioma, edad, género, orientación sexual, creencias políticas o religiosas. Esto significa lograr empatía con otros modelos de pensamiento y otras culturas; la suma de las partes crea nuevas realidades.

En este mismo contexto el análisis y toma de decisiones es de vital importancia considerando que hay que responder y asumir posiciones al más alto nivel, teniendo en cuenta aspectos críticos de negocio y de relacionamiento, sumado a la posibilidad de ver el cambio no como una carga, sino como una oportunidad para crecer e innovar.

En conclusión, los análisis más recientes indican que en términos generales los nuevos cambios tecnológicos no darán lugar necesariamente o directamente a una mayor tasa de desempleo, pero sin dudas requerirán que los profesionales aprendan y actualicen sus competencias mucho más rápido que en el pasado. Pero muchas tareas y trabajos futuros también requerirán más competencias emocionales y personales, como las mencionadas.

Al mismo tiempo, las tareas y el empleo autónomos, basados en la obtención de resultados y orientados a proyectos aumentarán y permitirán a las personas elegir sus propias carreras bajo estructuras y divisiones menos rígidas y dentro de equipos y redes en continuo cambio.

El futuro del trabajo es un tema del presente. En un mundo que avanza a pasos acelerados, marcado por el desarrollo imparable de la robótica y la inteligencia artificial, las decisiones que se tomen hoy en materia de formación y educación serán fundamentales para el futuro del mercado laboral. Para muchos, es un tema muy importante y preocupante. Pero, sobre todo, es un desafío, y como todo desafío, conlleva grandes oportunidades

 

Por: María Paula Ospina P. – Socia de Human Capital

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